Por Pipo Rossi

En Europa, los británicos venían sufriendo el bloqueo napoleónico, “lo que creó la necesidad, tras el triunfo de Trafalgar en 1805, de salir a buscar nuevos puertos comerciales”.


El 14 de Abril de 1806, durante el Gobierno del Virrey del Río de la Plata Don Rafael de Sobremonte, “una expedición inglesa, de 1600 hombres, zarpó de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), bajo el mando del General William Carr Beresford, “un veterano de mil batallas”.

Dos meses después, el 25 de Junio, los británicos desembarcaron en Quilmes (Buenos Aires) y se impusieron sin dificultad a los 600 milicianos que les hicieron frente. El resto de los defensores, que los esperaban del otro lado del Riachuelo, “quemó el puente de Gálvez (actual puente Pueyrredón viejo) para retrasar el avance”.

Luego de un descanso, los invasores reanudaron su marcha el día 27. “Tras cañonear las posiciones enemigas, cruzaron el Riachuelo en botes y entraron en la ciudad capital del Virreinato”. Enterado el Señor Don Sobremonte de la derrota “decidió no hacerles frente (pese a que contaba con mil hombres) y huyó a Córdoba con su familia”. Las autoridades de Buenos Aires (cabildantes y miembros de la audiencia), abatidos por esa decisión, “optaron por rendir la plaza y esperar al General Beresford en el Fuerte”.

A las cuatro de la tarde, “bajo la lluvia, ingresaron las tropas inglesas a la Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo) para tomar la ciudad”. Sus habitantes no podían creer que tan pocos soldados hubieran bastado para someterlos.

Paralelamente, el militar francés Don Santiago de Liniers, que estaba al servicio de España y no había podido actuar hasta entonces, y el comerciante español Don Martín de Álzaga comenzaron a desarrollar planes de reconquista. El Señor Don Liniers, acompañado por el Señor Don Juan Martín de Pueyrredón, viajó a Montevideo (Banda Oriental) para combinar operaciones militares junto al Gobernador Don Pascual Ruiz Huidodro. El Plan era que el Señor Don Pueyrredón “sublevara gente en la campaña (el campo más próximo a la ciudad) para apoyar un posible desembarco del Señor Don Liniers”.

Mientras tanto, “los ingleses trataban de congraciarse con los habitantes de Buenos Aires”. Después de capturar el tesoro real y enviarlo a Inglaterra, “abrieron el puerto al libre comercio y abolieron el monopolio español”. También, “rebajaron impuestos y respetaron las propiedades y la religión Católica” (no olvidar que los ingleses eran Protestantes).
Posteriormente, el 1 de Agosto, el Señor Don Pueyrredón “se levantó con sus paisanos en Perdriel, pero fue derrotado por los ingleses”. No obstante ello, la reconquista estaba en marcha. Tres días más tarde, el Señor Don Liniers, con unos 500 soldados de línea (profesionales) y 900 milicianos de infantería y de caballería, marchó a la Colonia. Allí se embarcó en una Flotilla de río y desembarcó en el pago de las Conchas (hoy Tigre), donde se le incorporaron los voluntarios dispersos en el Combate de Perdriel.

Según expresa el Historiador Don Paul Groussac, en su Biografía del Héroe de la Reconquista: “El clima era de gran entusiasmo popular cuando se celebró una misa al aire libre con las tropas formadas”.

El General Beresford intentó detener el avance recurriendo a la oferta de “liberar el territorio de España y en constituirse en garante de la independencia”. Pero su ardid no le sirvió. Por otra parte, carecía de instrucciones concretas de su gobierno en ese respecto. Los independentistas criollos, como el Doctor Don Juan José Castelli, estaban al corriente de la situación y no se ilusionaban con respecto a los británicos.

El avance sobre la ciudad, donde se respiraba una atmósfera de miedo e incertidumbre, fue acompañado por voluntarios de distinta condición social que se unían a las tropas o que las auxiliaban para arrastrar los cañones en los sitios pantanosos.
Mientras tanto, los ingleses no pudieron hacerle frente de inmediato, “porque la lluvia puso intransitables los caminos”.

Las fuerzas del Señor Don Liniers avanzaron hasta las puertas de la ciudad y, el 10 de Agosto, se presentó en los Corrales de Miserere (hoy Plaza Once) exigiendo la rendición del General Beresford, la que fue rechazada. “Por la noche se corrió con sus tropas a la zona de Retiro, donde al día siguiente aplastó la resistencia británica”.

Posteriormente, al amanecer del día 12, comenzó el ataque con fuerza incontenible. “Había poca disciplina, pero el entusiasmo era arrollador”. Para aquellos momentos, la situación era insostenible para los ingleses y así lo entendió el General Beresford, “quien trató de embarcarse de regreso con sus tropas”. La huida del General inglés “fue impedida por las tropas del Señor Don Liniers y el pueblo en las calles, quienes exigieron a viva voz la rendición y la entrega de las armas”. Al mediodía, el General Beresford, “presentó su rendición ante el Señor Don Liniers, en medio de la multitud”. El militar inglés “fue arrestado y llevado a Luján, pero, poco después, el Señor Saturnino Rodríguez Peña logró su huida y regreso a Inglaterra”. En todo el combate habían fallecido 205 defensores y 157 ingleses.

Finalmente, la Reconquista no alejó el peligro de una segunda invasión al Río de la Plata. “Las naves inglesas al mando del Comodoro Sir Home Popham estaban indemnes y, si bien no intervinieron directamente en la lucha, permanecieron en actitud amenazadora en aguas del río, a la espera de los refuerzos solicitados a Inglaterra y que no tardarían en llegar”.